¿Cuántas horas pasamos en el trabajo y cuántas descansamos? ¿Cuántos minutos consideramos placenteros de lo que hacemos en la oficina, tal como si fuera un día de descanso? ¿Puede ser posible que sólo seamos felices en nuestro empleo sólo por algunos segundos? Desde hace tiempo se abandonó ese viejo esquema laboral que decía que una persona trabajaba, en promedio, ocho horas; el mismo tiempo le dedicaba a su familia y el resto a descansar. Sin embargo, la coyuntura nos agobia; frente a tantas responsabilidades, usualmente debemos salir a buscar ingresos alternativos para llegar a fin de mes.

Familia, trabajo y placer u ocio son, generalmente, los tres nodos característicos de cualquier empleado. Los trabajadores son como las piezas de un reloj; si no engranan bien sus tres ejes, o si están desajustados, incluso desgastados, todo el mecanismo sufrirá las consecuencias, obteniendo como resultado un mal funcionamiento, afirma Pedro Rojas, director de Social Media en Íncipy y autor de libros sobre Community Management .

Cada vez que observamos resultados negativos, poca productividad y mal ambiente de trabajo, no es por causas fortuitas. Es porque el mecanismo de los trabajadores, está desajustado en el engranaje del placer, señala el experto español en su sitio www.seniorm.com.

Muchas veces, el clima en la oficina condiciona la productividad si es que la persona no alcanza a generar los anticuerpos necesarios para aislarse de las negatividades de otros colegas.

"Si logramos trasladar las sensaciones positivas, el placer y las experiencias gratas que las personas experimentan en el tercer nodo (esparcimiento) al segundo (el trabajo), es posible que podamos mejorar el ambiente de trabajo en un porcentaje bastante alto. De hecho, podríamos conseguir que el segundo nodo sea percibido de igual forma que el primero (la familia), haciendo del trabajador, una persona realmente feliz", explica Rojas. Es lo que se conoce como un efecto contagio, propio de los líderes ocultos (no necesariamente jefes) que cuentan las organizaciones.

Por esa razón, afirma que el futuro de los entornos empresariales exitosos, vendrá de la mano de iniciativas en las que se intente crear entornos laborales similares a los que proporcionan los placeres del tercer nodo, y en donde el objetivo será conseguir que el trabajador deje de lado el paradigma de asociar el lugar de trabajo, y las funciones que realiza, a "experiencias malas" o nada placenteras.

"Muchos de los que piensan que trabajar no es un placer, seguramente han venido arrastrando un paradigma, ya que muchas otras personas encuentran verdadero placer en lo que hacen (yo me incluyo). Mientras que el resto no puede ver nada positivo en le hecho de trabajar, aún estando en el mejor empleo del mundo", puntualiza. En definitiva, los desajustes en las empresas pueden ser solucionados trayendo "los placeres de la vida" al trabajo. Es la mejor forma de conseguir un mayor equilibrio entre los tres nodos que conforman la vida cotidiana de un trabajador.

el primer nodo
La familia, como base de la contención

El primer nodo, según el especialista Pedro Rojas, está representado por nuestro hogar, y por la familia. Pero no es el nodo más importante; cada quién otorga un peso relativo diferente, a la forma en que percibe su entorno. "Lo que si es un hecho, es que el sistema laboral actual, afecta la movilidad y la flexibilidad de las personas dejándoles con pocas probabilidades de desarrollar este nodo, tal y como lo hizo la generación anterior en su época", indica. Las cosas están cambiando y está claro que el hogar están perdiendo relevancia para la persona que trabaja. No obstante, en términos generales, estar en casa y estar con la familia, sigue siendo un hecho placentero", dice.

El segundo nodo
El trabajo, donde interactuamos diariamente

Es nuestro lugar de trabajo, ese lugar en donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo (despiertos), y que ha tomado una gran relevancia desde el punto de vista social; en él hay una multitud de relaciones y de interacciones con las personas con las que trabajamos, lo que poco a poco está convirtiendo en el más emocional de los tres ejes. Si las condiciones, la funcionalidad y el ambiente no son los óptimos, las personas se verán afectadas, incluso sin saberlo. Por eso es tan importante que, tanto la organización como la estructura laboral, se enfoquen en el bienestar del trabajador, y no sólo con el fin de hacerlos más productivos, sino más felices, señala Rojas.

El primer nodo
El esparcimiento, un refugio para cargar pilas

Son aquellos lugares en donde las personas pasan su tiempo libre, cuando no están ni en sus casas ni en el trabajo: Puede ser un cine, un parque, una biblioteca, un museo, las vacaciones o un simple paseo, explica el especialista español. Representa todo lo que el empleado aprecia de la vida y que considera como verdaderos placeres, sin importar el coste nominal que cada experiencia posee. Está relacionado con el esparcimiento, eso que a menudo nos permite cargar las pilas. "Lo que importa es cómo es percibida por la persona, por lo que siempre es una experiencia grata y renovadora", apunta Rojas.